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La figura de la Mestiza
Entrevista a Abel Vázquez

La figura de la Mestiza

Por Guadalupe Caballero, Fotografía por Vanessa Alejandro

La palabra mestiza representa para la cultura yucateca un símbolo de maternidad, hogar, protección, sabiduría e historia. Es para muchos, la representación de la mujer indígena fuerte y trabajadora, de ellas se obtienen los mejores bordados que las personas de ciudades utilizan en ropa, zapatos, bolsas o accesorios. Sin embargo, la percepción que una persona común tiene de la mestiza, es distinto al de un artista, porque ellos, no ven solo el físico, sino la esencia del sujeto. La mestiza, en este caso, representa una figura atesorada y valorada por diversos artistas mexicanos, son éstos quienes la respetan y retratan como una identidad cultural, más que como un símbolo histórico.

Para Abel, la mestiza forma parte de su identidad, al ser él perteneciente de una comunidad mixteca, se ha visto rodeado toda su vida por mujeres indígenas. La inspiración en sus esculturas, se basa en las proporciones corporales de éstas; los brazos gruesos, las caderas anchas, piernas duras y en general la complexión fuerte que para él, representa a las mujeres indígenas mexicanas. “Yo vengo de familia indígena, mis abuelas trabajaron en el campo, entonces yo veo la fortaleza que tienen y es lo que quiero que vean impregnado en las esculturas. Una posición sencilla pero que imponga” menciona con alegría.

El interés que el escultor tiene por la imagen de las mestizas, se plasma en sus palabras llenas de júbilo al narrar cómo en sus primeros años en la escuela de arte, se implementó una especialidad de realizar esculturas con la temática de la mujer, y él, con la práctica, comenzó a desarrollar un gusto por ello que fue creciendo a lo largo de los años. Para el artista, este retrato no dejó nunca de tener un peso tanto en su arte como en su vida personal; a él, le interesa saber qué actitudes y emociones tienen las nuevas generaciones respecto a las mestizas, y sobretodo, revivir la imagen de la fortaleza femenina.

A medida que va relatando sus vivencias, el brillo en sus ojos denota la felicidad y orgullo que le brinda el retratar parte de su identidad en su obra. Menciona que la inspiración para crear las esculturas de las mestizas no nace sola, sino viene de generaciones, experiencias y convivencias de los pintores a lo largo de épocas históricas.

“Yo nací de la tierra, del campo, no había hospitales. El hablar de la mujer indígena, es hablar de mi esencia” alega. Ya que el artista vivió gran parte de su infancia con su abuela, la observó un sinfín de veces labrando en la tierra; recuerda haber visto a su tía vender en los mercados las frutas que crecían en su patio. Rememora la gran atención que le daba a los detalles; desde su comportamiento, actitudes, la forma de su silueta, manos, facciones, cabello, hasta la vestimenta, que posteriormente se vería reflejada en sus esculturas.

Abel Vázquez no percibe a las mestizas como entes extraños, la visión que él tiene de ellas, va más allá de la que alguien que nunca ha convivido con una, podría tener. Se tiene la imagen de mestiza como la mujer morena, de cabello trenzado, la que fácil se encuentra en un mercado, como doméstica en familias adineradas o a veces escondida en su pueblo, lejos de la moderna sociedad que para ellas es tan ajena como para la persona común lo es su cultura. El artista oaxaqueño, recalca que para él se trata del reflejo de una esencia de vida con la que creció, de plasmar el amor hacia la cultura maya y mexicana, y sobre todo, fortalecer la imagen de la mujer indígena mediante el arte.

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