La maternidad como punto de partida, como origen y destino

La maternidad como punto de partida, como origen y destino

Memoria

La maternidad como punto de partida, como origen y destino

Por A. Osuna

Gráfica Melva

Este mes, celebramos la maternidad y a quienes desde las raíces más profundas se han convertido en las guías de nuestro andar por la vida: las madres.

Melva Medina misma, directora y artista de Galería Nahualli, como madre de Meztli y Citlalli es al mismo tiempo una ventana hacia el concepto más puro de maternidad y lo que éste representa en su vida como escultora y artista multidisciplinaria.

Descrita por ella misma como una gran enseñanza de vida, la maternidad fue muy intensa para Melva, y eso se refleja en muchas de sus obras. “Cuando uno concibe para dar a luz un bebé, uno se llena de energía, hay un flujo de energía diferente. Lo sientes, te cargas de ella y vives de otra manera. Ese flujo de energía trato de representarlo siempre en mis obras…”.

En muchas de las obras de Melva se aprecian piezas partidas completamente a la mitad como parte de su discurso de considerar la luz un aspecto elemental en la escultura misma.

Para Melva, la luz, el vacío y aquello que es etéreo, representan la parte más importante. En sus obras, se refiere al sentimiento de “hacerlo todo” por ese ser que viene.

El erotismo se une con la ciencia y los sentimientos, emerge una fusión entre la energía y las emociones alrededor de la generación de nueva vida.

“El erotismo es importantísimo, el tratado de la semillas como fuente y punto de partida, estos elementos fálicos como un punto de aquí a la vida, el momento de dar esa luz, esa chispa, esa atracción, la química. Todo eso es ciencia, es arte, es naturaleza y todo eso lo tengo impregnado. Las raíces con la tierra. Somos parte de ella, vamos a dar a ella. Pienso mucho en este ciclo de vida y muerte, que es algo muy justo: tanto te da, que hay que darle de regreso…”.

La obra de Melva nos habla de un simbolismo en donde la mujer tiene el papel protagónico, ya sea como madre, hija, y ser contenido en una compleja y hermosa existencia, la mujer e encuentra inmersa en un mundo surrealista y onírico.

En su escultura, Melva enfatiza la importancia del símbolo energético invisible, intangible; del espacio en la forma, como elemento fundamental.

El erotismo femenino, su identidad en el mesticismo y su espiritualidad, lo etéreo y lo místico, fungen como repetida temática en sus creaciones.

“El cielo llora y da de beber sus líquidos sagrados a la tierra. Ella se guarda plena del deseo eterno de sentir su contacto. Su corazón revienta en fecundidad y generosamente se manifiesta brotando y dando, nutriendo a quienes luego la nutrirán a ella…”.

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